dijous, 24 d’abril de 2014

vidas atrapadas

Presa por la ira fue cerrando las ventanas de la casa una a una, el crujir de la madera aun le retumbaba en su interior, carcomida como los corazones de quienes la habitaban, personas que dejaron de vivir cuando aún no estaban muertas. La carcoma aún no había llegado hasta el suyo, pero notaba su presencia, acechaba desde cualquier rincón de la casa. Cada uno de esos verdes ventanales eran un miedo a superar, un saltar al abismo o continuar presa por ellos, un vivir o un morir.

Con las ventanas cerradas, no es posible vivir.


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