dissabte, 3 de gener de 2015

la habitación



En su conversación telefónica la casera le dijo que serían trescientos euros al mes. No había encontrado nada más económico a esas alturas del curso académico, cuando Julio le llamó para decirle que había una vacante en su universidad no se lo pensó dos veces, hizo las maletas, y salió corriendo de su vida.

Su aspecto era austero. Aún olía a un último orgasmo, puede de hacía unas horas, incluso unos días. La única ventana de que disponía no podía abrirse al mundo. Encima de la única mesita yacían restos de algún amor clandestino, puede que en busca de un lugar mas seguro. A ella le iría bien para usar su ordenador. Las marcas en la pared encima de un radiador, donde en su día había colgado un cuadro, le decían que allí hacía un tiempo se pasaba menos frío. Seguramente los amantes nunca lo echaron en falta. Ella se tendría que proveer de alguna estufa, anunciaban un invierno frío. La cama le pareció un poco estrecha. Pensó nuevamente en los amantes, le parecía sentir aun su presencia, consumiendo anhelos ante  la inevitable despedida. Elevó la mirada hacia el cielo en busca de aire, y topó con ella, una enorme mancha de humedad en el techo. En ese momento pensó en si no hubiera sido mejor aceptar la invitación de Julio, hasta encontrar un lugar en mejores condiciones.

- Me la quedo, le dijo a la casera que restaba en silencio tras sus gafas bifocales a la espera de una respuesta. No sabía si soportaría vivir sin Marco, ese trozo de su vida que tras cada fugaz visita se llevaba un trozo de su corazón, un trozo de su ser.

1 comentari:

  1. Genial... un radiador, unas memorias. El blanco y negro y el frio de los recuerdos.

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